Nubes selva: un canto nacido de madre, Virgen y volcán

Entrevista a Grecia Albán sobre Nubes selva, uno de los mejores discos de 2025: un canto nacido de madre, Virgen y volcán, que recorre paisajes andinos y amazónicos, rituales comunitarios y lenguas vivas, donde la música se vuelve memoria, cuerpo y territorio.

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Entrevista a Grecia Albán
En la portada de Nubes selva conviven motivos textiles, figuras religiosas, elementos de la selva y símbolos andinos. ¿Podría guiarnos por estos elementos y contarnos qué historias, memorias culturales o afectivas decidió representar allí?

La portada de Nubes selva

La portada del disco es como un collage. Ahí está la máscara de un personaje llamado Huaco, que ha sido parte de mi historia familiar, porque mi familia paterna ha sido, de alguna manera, la custodia del vestuario de este personaje, que forma parte de las fiestas populares en Cotopaxi, de una fiesta que se llama la Mama Negra. El Huaco es como un curandero, un chamán que va bailando y va limpiando durante la fiesta.

Al lado de esta máscara aparece una Virgen, que para mí es un símbolo muy importante del sincretismo que se da en muchos lugares de América Latina y que también está muy presente en mi música, en “Virgen y volcán”, por ejemplo.

También hay un felino, un jaguar, que representa esta fuerza de la Amazonía, esta vida. Y junto al jaguar aparece otro personaje, un danzante que lleva un gran objeto en la cabeza. Ese es un personaje también tradicional de aquí de Ecuador, de los Andes, de la parte de Tungurahua y Cotopaxi. Mi familia también ha sido parte de la confección y custodia de las cabezas de estos personajes, así que los conozco desde la infancia.

Y luego hay otros elementos que tienen que ver con esta búsqueda de un barroco latinoamericano, que es tan característico y que también está muy presente en la música del disco.

Virgen y volcán

Churonita… Ella es Virgen Santa y es volcán

Entrevista a Grecia Albán sobre Nubes selva, uno de los mejores discos de 2025: un canto nacido de madre, Virgen y volcán, que recorre paisajes andinos y amazónicos, rituales comunitarios y lenguas vivas, donde la música se vuelve memoria, cuerpo y territorio. Grecia Albán en línea: Spotify, Instagr
En “Virgen y volcán” aparece esta imagen poderosa: “Churonita… Ella es Virgen Santa y es volcán”. ¿Qué significa para usted nacer “desde su vientre” y “crecer entre sus faldas”? ¿Cómo dialoga esta visión con las creencias, las fiestas y los rituales de su comunidad, tal como también se refleja en “Huaco del volcán”?
Justamente “Huaco del volcán” y “Virgen y volcán” hacen referencia a esta fiesta que se llama la Mama Negra, que se da aquí en Ecuador, en la provincia de Cotopaxi, en la ciudad de Latacunga, de donde yo soy, donde nací.

El Huaco es un personaje que baila y que también hace un ritual dentro de la fiesta. El ritual consiste en llamar, en convocar a los volcanes, a la energía de los volcanes y con eso hacer la limpia. Los Huacos generalmente van en trío: van dos Huacos y un soplador, que es quien sopla, o más bien escupe trago, licor, para hacer la limpia durante la fiesta.

Las dos canciones hacen referencia directa a esta fiesta, la Mama Negra, y a ese vínculo que yo he tenido con ella desde la infancia.

Maru

Nacer, abrir los ojos y estás, madre, yo bienvenida a tu selva

Entrevista a Grecia Albán sobre Nubes selva, uno de los mejores discos de 2025: un canto nacido de madre, Virgen y volcán, que recorre paisajes andinos y amazónicos, rituales comunitarios y lenguas vivas, donde la música se vuelve memoria, cuerpo y territorio. Grecia Albán en línea: Spotify, Instagr
En “Maru” surge otra figura materna: la madre-selva, llamada “maestra de admirar lo simple, el equilibrio que no enferma”. ¿Qué ha aprendido usted de esa maestra y cómo influye en su manera de vivir o de crear?
Yo tuve una infancia en la que crecí en la Amazonía y fue una infancia muy amorosa. Estuve en contacto con mi madre sobre todo, con mis hermanos, con mi familia, pero también muy en contacto con la naturaleza. Pude recibir el cuidado y el cariño de la familia y al mismo tiempo sentir este abrazo de nadar en el agua de un río, de bañarte en la lluvia, de escuchar los sonidos de las aves, de los insectos y de escuchar el sonido de la selva como un ser vivo.

Eso me ha influido muchísimo como artista, porque la naturaleza, la selva, los paisajes, esta sonoridad de la vida, han marcado mucho mi forma de ver la música y también mi forma de componer.

“Maru” es una canción que le compongo a mi madre. Maru es el nombre de mi madre. Es una forma de valorar su cariño, que es un cariño muy simple, pero al mismo tiempo muy generoso, como la vida misma. Entonces hago esta metáfora entre el cuidado y el amor de la madre y el cuidado y el amor de la naturaleza.

Uku Ñan

Soy un paisaje

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En “Uku Ñan” aparece este verso tan sugerente: “Soy un paisaje para andar” / “Purinkapak ñanmi kani”. ¿Cómo se entrelaza su identidad con los paisajes que la rodean? ¿Qué parte de usted siente que se recorre en ese paisaje?
Esto de “soy un paisaje para andar” tiene mucho que ver con cómo vivimos la geografía en el mundo andino y aquí en Ecuador. La gente de Ecuador estamos muy marcados por la geografía: está la región andina, la Amazonía, la costa, la playa y también la región insular, las Galápagos. Creo que nuestras identidades están muy diferenciadas por los territorios donde crecimos.

En mi música, en general, hay mucho paisaje, mucho de los lugares, de la geografía. En esta canción, un poco lo que hago es ponerme como parte de esa geografía, como parte del mundo. También pienso que dentro del cuerpo hay una inmensidad, que en el interior hay mucha información, como dentro de una semilla, donde hay tanta información genética, tanta historia, tanta memoria, tanta vida.

Juego con esa idea de que dentro de cada uno hay una inmensidad, hay mucho espacio para imaginar, para cambiar, para transformar. Creo que nosotros, en Ecuador, nos sentimos muy identificados con la geografía con la que crecimos y en este caso yo me hago parte de ella: yo soy la geografía.

Anita

No se aparta de las warmis

Entrevista a Grecia Albán sobre Nubes selva, uno de los mejores discos de 2025: un canto nacido de madre, Virgen y volcán, que recorre paisajes andinos y amazónicos, rituales comunitarios y lenguas vivas, donde la música se vuelve memoria, cuerpo y territorio. Grecia Albán en línea: Spotify, Instagr
“Anita” sugiere que la tradición musical y espiritual se hereda a través de las mujeres que cantan, rodean y escuchan a la niña, como dice el verso: “No se aparta de las warmis”. ¿Cómo ve usted el papel de las warmis en la continuidad cultural y lingüística, tanto en su comunidad como en su propia historia?
Esta parte de “Anita”, “no se aparta de las warmis”, tiene que ver con que esta canción se la compuse a mi amiga Ana Cachimuel [véase también nuestra entrevista sobre el disco Llaktapura], que es una mujer cantora indígena, una mujer kichwa otavalo, cuya lengua materna es el kichwa. Ella es una activista por la dignidad de la cultura indígena y su forma de resistencia es a través de la lengua, de hablar el kichwa, pero también a través del canto y del trabajo comunitario con las mujeres.

Con Ana, durante varios años, hemos desarrollado un proyecto que se llama Sinchi Warmikuna. Yo he apoyado bastante ese proyecto y ella lo sigue liderando hasta hoy. Es un grupo de cantoras, pero también es un espacio de encuentro. Cuando hablo de “no se aparta de las warmis”, hablo de todas estas mujeres, de todas estas cantoras que están motivadas, que están caminando junto a Ana en este proceso de dignificar la vida, de dignificar la vida de las mujeres indígenas.

También hablo de que las mujeres indígenas puedan contar su propia historia a través de los cantos y de que tengan un espacio de participación dentro de la música de sus comunidades.

Y bueno, warmis está, digamos, “mal dicho”, porque en realidad el plural de warmi en kichwa es kuna, entonces warmi kuna sería “mujeres”. Warmis es una españolización del kichwa, pero es algo muy común en la forma en que hablamos acá, en este español quichuisado que se vive en Ecuador y en la canción me permití utilizar esa españolización de la palabra justamente porque habla de cómo vivimos y mezclamos las lenguas en lo cotidiano.

Con mi tambor

Pulso, cuero y maderas amarran dos puentes

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En versos como “Pulso, cuero y maderas amarran dos puentes” y “tiempo de cambiar pieles”, el tambor aparece como algo que conecta y transforma. ¿Cómo vive usted el tambor como un instrumento que reúne a la comunidad y, al mismo tiempo, acompaña procesos personales de cambio y renovación?
El tambor es un instrumento muy especial, muy importante para mí. Es un instrumento que, por supuesto, conecta diferentes tradiciones y que también reúne a la gente. En mi caso, además, tiene un lugar muy concreto dentro de mi familia: mi hermano Atahualpa construye instrumentos de percusión, construye tambores, y dentro de la familia los tambores son también un sustento de vida; mi hermano come, vive, digamos, de estos instrumentos.

Desde que somos muy jóvenes, los dos hemos estado muy interesados en aprender ritmos de Latinoamérica y también los ritmos afro del Ecuador, así que la percusión ha estado siempre muy presente en nuestra vida.

Yo también tuve una conexión muy bonita con la percusión a través de mi primera maestra de canto, Vivi Pozzebón, que es una tamborera en Argentina. Durante mi estancia en Argentina pude ver lo importantes que son los tambores para nutrir una cultura latinoamericana que ha estado tan blanqueada. Para mí, el tambor ha sido un elemento de resistencia cultural.

El tambor con el que yo suelo cantar se llama cununo y es parte de la tradición musical del Pacífico. Los ritmos que interpreto con él vienen también del Pacífico. Me hace muy feliz poder honrar estas tradiciones a través de las canciones y llevarlas conmigo en mis conciertos.

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