De desamor: Cuecas para pensar
De desamor: No. 7, Esperar
Entrevista a Daniel Álvarez Veizaga sobre De desamor, uno de los mejores discos de 2025: un ciclo de cuecas para piano que dialoga con la poesía, la danza y la tradición, y propone un espacio fértil para pensar la identidad desde los Andes.
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Entrevista a Daniel Álvarez Veizaga
Desde ahí se definen el tempo, el peso rítmico, el tipo de gesto melódico y la densidad armónica. Algunas cuecas son más contenidas, casi suspendidas; otras, más ásperas o agitadas. El poema no determina la forma, pero sí el carácter: hay palabras que piden insistencia, otras repetición, otras desgaste. En ese sentido, el origen poético no es ilustrativo, sino estructural: condiciona cómo respira cada cueca y cómo se relaciona con la siguiente.
De desamor: No. 2, En el mal
La música, en cambio, puede decir algo que el poema no alcanza: el tiempo real de esa espera, la insistencia física del ritmo, el peso del cuerpo que baila o que recuerda haber bailado. La música no explica, pero insiste; no nombra, pero expone. En De desamor me interesaba que el poema funcionara como detonante conceptual y que la música se encargara de transformar esas ideas en experiencia sonora, sin necesidad de palabras.
De desamor: No. 3, Aquesta
Al mismo tiempo, sentí la necesidad de empujar el género hacia otros lugares: alargar secciones, omitir la segundita en algunos casos, trabajar con resonancias, con densidades armónicas poco habituales o con la idea de una cueca doble. No lo entiendo como una ruptura, sino como una expansión. La tradición no es un límite, sino un material vivo con el que se puede pensar formalmente.
De desamor: No. 5, Quedamente I
En este ciclo, la cueca funciona más como un espacio de reflexión colectiva que como una danza de coqueteo. El carácter social aparece en la elección misma del género: escribir cuecas es dialogar con una tradición que nos atraviesa como comunidad. Esa dimensión se percibe en el pulso, en la insistencia rítmica, en la sensación de algo que vuelve, como vuelven ciertas músicas a lo largo de la vida. Pensando en términos de las cuecas para no bailar de Willy Claure, las mías serían: cuecas para pensar.
De desamor: No. 1, Sin sol
Creo que la idiosincrasia boliviana se manifiesta en esa mezcla de contención y exceso, de melancolía y energía, de ritual y cotidianeidad. La cueca permite sostener esas contradicciones sin resolverlas, y por eso sigue siendo un espacio fértil para pensar quiénes somos: habitantes del mundo, pero desde un lugar concreto, los Andes.
De desamor: No. 4, Hasta
Me interesa pensar la cueca no como una forma cerrada, sino como un lenguaje con reglas flexibles, capaz de dialogar con otras estéticas y otros formatos. Mientras siga habiendo compositores, intérpretes y comunidades dispuestas a reapropiarse de ella, la cueca seguirá transformándose. Y esa transformación, lejos de debilitarla, es lo que garantiza su permanencia. Mientras haya cueconautas.
