¿Quién vuelve a Ítaca? La Odisea de La Vida Bohème

Entrevista a Henry D’Arthenay de La Vida Bohème sobre Tierra de nadie, uno de los mejores discos de 2025: un diálogo íntimo y conmovedor sobre heredar traumas colectivos y aprender, con el tiempo, a mirar la herida para dejarla ir.

Aquí, Ulises deja de ser mito para convertirse en experiencia: desarraigo y tránsito constante, un viaje que culmina no en casa, sino en conciencia.

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Entrevista a La Vida Bohème
El primer tema, “Síndrome de Ulises”, alude al desarraigo emocional de estar lejos de casa. ¿Se sienten cercanos a la figura de Ulises, incluso cuando desde fuera podría parecer que uno está “viviendo en grande el sueño”?
Hola, queridos amigos de Zambombazo. Un placer estar con ustedes de nuevo.

Con respecto a Ulises, sí, Ulises es una figura muy importante en mi vida. De hecho, mientras estoy enviando este mensaje de voz, probablemente escuchen el audio del aeropuerto. Desde que tengo 17 años, mi vida es un aeropuerto, hasta el punto de que yo me vuelvo nostálgico por ciertos aeropuertos. Tengo ciertos aeropuertos que son mis favoritos, ciertos rincones que son donde más me gusta estar y recibir el sol. El hecho de que yo tenga cierto arraigo con lugares de paso habla muchísimo de lo importante que es mi conexión con Ulises.

Siento que, a medida que ha pasado el tiempo, entiendo a Ulises a través de mí y de mi vida. Trato de hacer lo mejor que puedo con lo que tengo porque, a este punto, ya quién sabe qué es volver. ¿Quién vuelve a Ítaca? ¿Quién en verdad regresa después de toda esa trayectoria?

Creo que mucho de lo que me refiero es que, independientemente de lo que se perciba fuera o dentro, cuando estás constantemente sin estar en un lugar, es difícil hilar todos los hilos de quién fuiste. Creo que es importante entender que, cuando estás en movimiento, en verdad nada depende de ti. Tienes que casi que forzarte a dejarte ir. El sueño muchas veces no es tanto un sueño como si fuera algo bueno —la frase “viviendo en grande el sueño”—, sino también es como la ironía de cuando literal tu vida se convierte en un sueño porque pasas de lugar a lugar sin parar.

Síndrome de Ulises

En Pobres románticos aparece el deseo de amar en tensión con una desconfianza que parece aprendida muy temprano. ¿Cómo conviven en ustedes esas dos fuerzas: el romanticismo y el cinismo? ¿Ha cambiado esa relación con el tiempo, a lo largo de la narrativa de sus discos?
Yo creo que mucho de lo que es la fe es igual a la carencia de fe. Y mucho de lo que es amor es también la falta de amor. Es como dos figuras que se complementan. Esa sabiduría de que el mundo no es como cuando te lo pintan de niño, que tiene muchos más grises, que tiene muchas más esquinas, que muchas veces se muestra la superficie como tal.

Creo que el cinismo es un mecanismo de defensa, pero es verdad también que es una señal, es una bandera del desencanto. Y yo creo que el amor entre desencantados es bastante potente porque significa que hay esperanza para todos.

A medida que avanza el tiempo y pasan los años, más abrazo esa fe que existe, más me alejo del desencanto. Y, de alguna manera, lo entiendo más; entiendo más quién era yo cuando estaba más desencantado. De alguna manera, ambos se complementan.

En Você la calle aparecía como una pregunta identitaria (“¿Será que mi calle soy?”), mientras que en Calle en el cielo se transforma en la búsqueda de un lugar compartido (“Encuentra nuestra calle en el cielo”). ¿Cómo entienden ese cambio de perspectiva sobre la calle como espacio de pertenencia?
Pues, “¿Será que mi calle soy yo?” venía de la realización del despertar de lo que implica tu entorno y de lo que implicó mi entorno conmigo.

Pero definitivamente, a medida que pasa el tiempo, encuentro mucha paz en los sueños, en mis propios sueños, en mi experiencia onírica. Y creo que todos podríamos; en cierta manera, yo siento que mucha de la sanación que tenemos es cuando dormimos. Esa cosa famosa de “Across the Universe”, de “Nothing’s gonna change my world”, nada va a cambiar mi mundo, yo creo que es bellísimo. Es verdad que los actos más poderosos son los menos activos.

Por alguna razón, con “Calle en el cielo”, digamos, hay una conexión muy fuerte con “Você”; ambas, de alguna manera, están conectadas con mi madre. “Você” la escribí apenas estaba ocurriendo el proceso de perderla. Y “Calle en el cielo” fue cuando empecé a reencontrarme con ella en mis propios sueños. Y sentí la necesidad de crear un soundtrack en el cual pudiéramos todos conectar con esas personas que ya no están y que también son parte de nosotros. El mundo espiritual, por decirlo.

Tierra de nadie

Somos un trauma colectivo… aprenderé a soltarlo

En “Tierra de nadie” aparece la idea de un trauma colectivo, con frases como “lo que hicieron sus abuelos es tu paga” o “herederos al trono y el Reino de Escombros”. ¿Cómo se trabaja esa herencia traumática a lo largo del disco?
Yo creo que mucho de trabajar la herencia del trauma está en dejarla ir, en aceptarla, reconocerla, verla a los ojos y dejarla ir. Yo creo que, como avanza en el disco —si se percatan—, comienza muy fuerte ese sentimiento y termina desenvolviéndose en “Fumanchu”, que es más bien acerca de soltar, ¿no? Una vez que ya las heridas están abiertas y ya pasa la pelea, toma un gran proceso de madurez y autorreconocimiento para que no ocurra de nuevo, ¿sabes? Reconocer quiénes fuimos y esas cosas que nos volvieron más fuertes, por más traumáticas que fueron.
En el disco aparecen imágenes muy claras de la violencia: “presión, gatillo o presa”, “como en un tanque de tiburones, aquí, si no comes, te comen”. ¿Qué les interesa señalar sobre los mecanismos que normalizan esa lógica de supervivencia violenta?
Sí, desde que comenzamos a escribirlo, a mí me parecía que “Tierra de nadie” tenía un halo bastante violento, de terror, de hecho. Mucho del cine psicológico de terror de John Carpenter influyó mucho en el disco. Al igual que Holy Motors, de Leos Carax, creo que son películas donde los actos violentos tienen una especie de significancia ulterior. No solo son mecanismos de defensa, son mecanismos subconscientes, ¿no?

O sea, nacer es un acto violento. Y creo que mucho de la manera en que está reflejado en el disco es casi como que un trauma ocurre y tienes que vivir alrededor de ese trauma, de ese terremoto de situaciones hasta el mero final, cuando por fin tienes la opción de soltarlo bajo tus propios términos.

Mucho del cine, por ejemplo, La Haine, también fue súper importante para entender qué está detrás del acto violento más allá de la violencia.

Sangre x sangre

Una historia de terror como Stephen King

En “¡Al coro de las masas!” aparece la fascinante idea de que las mentiras no se compran, sino que se alquilan: “patrocinando mentiras que ahora pago en cuotas pagas y rentas”. ¿Qué papel jugamos en sostener las narrativas deshumanizantes?
Al final son arquetipos: mantener el arquetipo del Arlequín sin romper a llorar como Héctor Lavoe; digamos, mantener el esquema esclavizante y deshumanizante. Cuando el Arlequín llora, cuando Pagliacci ocurre, cuando Héctor Lavoe habla de que él es “El cantante”, se rompe esa cuarta pared porque nos muestra el entretenimiento que siempre está buscando adormecer, o pareciera que muchas veces.

Pero cuando el entretenimiento o el arte te despierta, es un poquito más potente. Yo creo que entender que tenemos una decisión al hacer uno u otro es importante para entender el propio trauma.

Entretenimiento

Que comience el show, mis chamos

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