Taína: La historia desde el arte y el pensamiento crítico
IDEL: Taína (Cortometraje)
Entrevista a IDEL sobre Taína, uno de los mejores discos de 2025: una reflexión que propone volver a la memoria colectiva y personal para pensarla —y sentirla— desde el arte, el cuerpo y el pensamiento crítico.
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Entrevista a IDEL
Es nuestra historia, nuestros ancestros, nuestras heridas y también nuestra resistencia.
Quien escucha entra al ritual desde eso que tenemos en común: una memoria que merece ser rememorada y resignificada, no desde la culpa ni desde la victimización, sino desde el arte y el pensamiento crítico. La disposición que requiere esta escucha es abrirse a reconocerse en esa historia, aunque a veces incomode, y permitir que la música funcione como un puente entre lo personal y lo colectivo.
La música, el cine, la imagen y el sonido tienen una capacidad distinta de tocar emociones, de generar identificación inmediata. Hoy en día una película puede ser más impactante que un libro, sin restarle méritos, simplemente aprovechando las herramientas que tenemos para sensibilizarnos.
Desde Taína propongo un aprendizaje que no solo se entiende, sino que se siente. Un conocimiento que entra por el oído, por el cuerpo, por el ritmo. Creo que ahí hay una vía muy poderosa para acercar estos temas a personas que quizás nunca se detendrían a leer un texto académico, pero sí pueden conmoverse, cuestionarse y reflexionar a través del arte.
Con “Dame mi oro, ten tu espejo” lo que digo es lo contrario: devuélveme lo que es mío. No acepto un trato abusivo hacia mi tierra, mi gente ni mi cultura.
Es una manera de rechazar esa narrativa impuesta y de afirmar que no todo intercambio fue justo ni debe seguir siéndolo simbólicamente hoy. Es un acto de dignidad y de memoria.
Más adelante, investigando mis raíces, entendí que esos rasgos también estaban en mis ancestros. Lo que antes ocultaba podía convertirse en una señal de resistencia. No tenía que borrar mis rasgos para ser válida; podía honrarlos.
Esto conecta con el lenguaje implícito con el que crecimos, cargado de estigmas raciales. A mi generación también se le enseñó, de forma muy sutil, que lo blanco era más bonito, que tenía mejores narices, mejores cabellos, mejores rasgos. Pensar así es profundamente inaceptable y darme cuenta de eso me llevó a una reflexión muy fuerte que hoy forma parte de esta cosmovisión artística.
“Morena” nace desde una noche muy profunda, mientras que “Maguá” es una luz pequeña, cotidiana, casi humilde. Como el palo ‘e lu’: no ilumina todo, pero alcanza para seguir.
Era importante que ambas coexistieran porque así es la vida. Porque incluso en medio del duelo hay gestos de belleza, y porque el goce, cuando viene después del dolor, es más consciente, más verdadero.
Eso implica responsabilidad: cuidar, transmitir, reinterpretar sin borrar. El arte, en este sentido, se convierte en una herramienta para que esa memoria no se quede congelada, sino que siga respirando, dialogando con el hoy y proyectándose hacia el futuro.
