Paso corto: Lila

En esta edición de Paso corto vemos Lila, un cortometraje dirigido por Carlos Lascano sobre una muchacha soñadora que no puede aceptar la realidad tan plana como la percibe, así que utilizará su imaginación y sus habilidades para modificarla (Filmaffinity).

Cortometraje: Lila

País: España

Género: Drama, Animación

Temas: La imaginación, El cambio social a través del arte

Esta hoja de actividades se encuentra en el ebook Paso corto 2015.

Lila y Quijote, poetas activos y de trasbordo

El escritor León Felipe describió a Quijote así: “Sus ojos y su conciencia ven y organizan el mundo no como es sino como debe ser” (El poeta prométeico). Lila, en este sentido, es un personaje quijotesco.

Utilizando fragmentos del texto “El poeta prométeico” de León Felipe, vamos a comparar estos dos personajes para ver que ambos son ‘poetas activos y de trasbordo’, o cambio.

El genio poético prometeico es aquella fuerza humana y esencial que, en los momentos fervorosos de la historia, puede levantar al hombre rápidamente

    de lo doméstico a lo épico,
    de lo contingente a lo esencial,
    de lo euclidiano a lo místico,
    de lo sórdido a lo limpiamente épico.

A través de sus dibujos mágicos, Lila levanta al hombre de lo doméstico a lo épico (el apartamento se convierte en castillo), de lo contingente o posible a lo esencial (el hombre solo y triste que recibe el beso de su amada), de lo euclidiano a lo místico (el perro del señor se convierte en dragón) y de lo sórdido a lo limpiamento épico (las calles sucias y grises se llenan de colores y de flores).

El poeta no es aquel que juega habilidosamente con las pequeñas metáforas, sino aquel a quien su genio prometeico despierto lo lleva a originar las grandes metáforas:

    sociales,
    humanas,
    históricas,
    siderales…

Los dibujos de Lila se dirigen principalmente a las personas, siendo así “metáforas sociales, humanas”.

Don Quijote es un poeta de esta clase. Es un poeta activo y de trasbordo. Y se diferencia de todos los demás poetas ordinarios del mundo en que quiere escribir sus poemas no con la punta de la pluma, sino con la punta de la lanza.

Lila también es una poeta de esta clase. La “lanza” de Lila es su lápiz y es activa; al principio del corto no se queda en su casa, sino que se levanta y se va, lo que podría compararse con la primera salida de don Quijote. El café sería entonces la venta, lo que nos lleva al siguiente texto de Felipe.

La primera aventura de Don Quijote no es ni la de Puerto Lápice ni la de los molinos como quieren algunos. La primera aventura surge cuando el poeta se encuentra con la realidad sórdida del mundo, después de salir de su casa, llevando en la mano la Justicia. Cuando llega a la venta. No es verdad que nada épico sucediese allí. Allí comienza la hazaña primera y única que se ha de repetir a través de todo el peregrinaje del poeta. Porque no hay más que una hazaña en toda la crónica: el trastrueque, el trasbordo de un mundo a otro mundo; de un mundo ruin a un mundo noble. Aparentemente no es más que una hazaña poética, una metáfora. Pero es una hazaña revolucionaria también, porque ¿qué es una revolución más que una metáfora social?

Don Quijote se encuentra en la venta con un albergue sucio e incómodo, con un hombre grosero y ladrón, con unas prostitutas descaradas, con una comida escasa y rancia y con el pito estridente de un castrador de puercos. Y dice enseguida: Pero esto no puede ser el mundo; esto no es la realidad, esto es un sueño malo, una pesadilla terrible… esto es un encantamiento. Mis enemigos, los malos encantadores que me persiguen, me lo han cambiado todo.

Entonces su genio poético despierta, la realidad de su imaginación tiene más fuerza y puede más que la realidad transitoria de los malos encantadores, y sus ojos y su conciencia ven y organizan el mundo no como es sino como debe ser. Se produce entonces la gran metáfora poética que anuncia ya la gran metáfora social. Porque cuando Don Quijote toma al ventero ladrón por un caballero cortés y hospitalario, a las prostitutas descaradas por doncellas hermosísimas, la venta por un alberque decoroso, el pan negro por pan candeal y el silbo del capador por una música acogedora, dice que en el mundo no debe de haber ni hombres ladrones ni amor mercenario ni comida escasa ni alberque oscuro ni música horrible, y que nada de esto habría si no fuese por los malos encantadores. Estos encantadores se llaman de otra manera. Don Quijote sabe muy bien cuál es su nombre exacto, pero para denunciarlos se vale también de una metáfora.

En el cortometraje también “no hay más que una hazaña en toda la crónica: el trastrueque, el trasbordo de un mundo a otro mundo”.

En resumen, Lila y Quijote, a través de sus metáforas sociales, levantan al hombre de lo doméstico a lo épico, viendo el mundo no como es sino como debe ser. Pero lo más interesante es que esta visión positiva no es pasiva sino que de verdad cambia el mundo.

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